Después de almorzar, nos fuimos otra vez a la piragua, y a seguir río abajo. Y seguía embobado con la naturaleza del lugar, y me faltaban sitios donde mirar,  por la mañana había estado muy pendiente de la cámara, ahora me lo tomé con mas calma y aproveché para disfrutar de la singladura.

Aunque cuando nos cruzamos con este Emberá que subía por el río a la manera tradicional (sin motor), no pude resistirme y le hice varas fotos..

De bajada aprovechamos para parar en una parcela que tiene la parroquia y darle un vistazo. Amarramos bajo unas cañas de bambú.

Y allí mismo estaba esta piragua, de las talladas de una pieza.

Cuando construyeron los ranchos, siguieron las costumbres de los Emberá, con lo que son de planta circular, uno de ellos aun conserva el techo de palmeras, el otro ya ha sido reconstruido con chapa de zinc.

Un poco mas abajo nos encontramos con algunos indígenas que seguían llenando la piragua con los plátanos que estaban recogiendo.

De vez en cuando en mitad del río nos encontramos con árboles que han sido arrastrados por alguna crecida, hay que tener cuidado en estos puntos, porque la hélice puede golpear alguna rama sumergida y dañarse.

Ya casi en Yaviza adelantamos a esta piragua que iba cargada hasta los topes.

Y una vez en Yaviza, me fui por el puente colgante sobre el Chucunaque

Hacia una de las zonas en las que esta creciendo la población, por lo menos aquí, en caso de inundación, el agua es muy difícil que llegue pues estamos a bastante altura sobre el río.