En la última entrada andábamos subiendo por el río Chico en un trayecto de cosa de una hora hacia el Corozal, que es una de las comunidades que viven a orillas del río. Una vez allí, y después de amarrar la piragua, lo primero que tuvimos que hacer es acercarnos hacia el puesto del Senafront, para comunicar nuestra llegada.

A diferencia de los pueblos de los Ngöbe, en estos, las calles cuentan con una acera central de concreto por la que se camina sin pisar el barro que se forma, pues en esta época del año, llueve todos los días, y la tierra no drena lo suficiente, y, lo que me llamó la atención, son los postes de la electricidad, no llega la carretera pero han conseguido tener acceso a la energía. Ese día no llegaba la corriente, la linea discurre a lo largo del bosque que hay entre Yaviza y aquí, y como nos enteramos después, un árbol había caído cortando un cable.  Esa misma tarde el servicio ya estaba restablecido.

Las casas aquí, son como en Yaviza, bloques y concreto, y todas cuentan con el piso elevado típico de los hogares Emberá, pero debido a que ahora utilizan placas de zinc para construir los techos, han abandonado su estructura circular típica y así aprovechan todo el material.

Nos acercamos al colegio, algunos muchachos estaban en la hora de gimnasia.

Mientras otros, en la otra orilla del campo estaban construyendo dos ranchos para la semana siguiente en la que iban a celebrar la semana afro. En esta zona, y sobre todo en Yaviza conviven indígenas, afroantillanos y latinos.

En éstos aunque cuadrados sí que estaban utilizando los materiales tradicionales.

Habían llamado a parte de la gente del pueblo, y la colaboración no faltaba. Unos por la parte de abajo.

Y los jóvenes, por la parte superior.

El Padre Alvin llevaba intención de hablar con el director sobre la próxima gira médica, pero andaban muy ocupados y no hubo forma, aun así de camino hacia la piragua nos encontramos con uno de sus colaboradores, y lo puso sobre aviso para las próximas semanas ir concretando detalles.

Nos bajamos hacia el Naranjal, es una comunidad que esta muy cerca aguas abajo en el río. A la entrada, maíz, plátanos, y sobre ellos la linea eléctrica que trae la energía desde Yaviza.

Nada mas llegar, antes de entrar a almorzar, ya me citaron para al año próximo tener una charla sobre el pueblo Emberá.

Y para terminar, una de los útiles de cocina del restaurante.

Cuando íbamos de camino a la piragua, nos encontramos con la profesora, que nos decía estaba preocupada porque tenía comida en el congelador del colegio, y se iba a estropear si no regresaba pronto la electricidad, era comida para los muchachos que asisten a las clases. También me contaba como están abandonando sus tradiciones, a favor de la cultura occidental, una muy visible, es que la muchachas Emberá, aquí en el Darién sí que visten la paruma (su falda tradicional), pero no así en la ciudad, donde si se ven Kunas y Ngöbe con sus trajes tradicionales.