Cuando llegué a Yaviza, el Padre Alvin me propuso subir por cualquiera de los ríos que confluyen allí hacia alguna comunidad Emberá. Así que en mi segundo día en el Darién esa iba a ser la aventura. El destino seria El Corozal, en el río Chico, pero antes de salir, hubo que pasar por el puesto del Senafront para comunicar nuestras intenciones. El Darién es zona fronteriza con Colombia, es el punto donde está el llamado «tapón del Darién»,  es el área donde se corta la carretera interamericana, que recorre América entera.  El día anterior al pasar por Aguas Frías me tuve que registrar a la entrada. Y es que en esta zona hay bastante actividad de lo que antes era la guerrilla colombiana, ahora reconvertida en narcotraficantes en la forma de muleros.

Después de desayunar y terminar con los formalismos, nos fuimos hacia donde estaba Terremoto (Olegario) esperando con la piragua.

Ya enfilando el río Chico.

Yo andaba embobado mirando a todos los lados, en la vida me había imaginado yo recorriendo estos ríos en piragua. La vegetación de las riberas es sencillamente exuberante.

La producción principal de la zona son los plátanos, que se cultivan  a lo largo de los ríos, los cuales son las carreteras de la zona, y las piraguas, los camiones.

Algún caballo que vimos estaba pastando tranquilamente en la ribera.

Otros individuos descansan tranquilamente en los islotes que se encuentra por el camino.

Y otros lo hacen en algún palo que asoma desde el fondo.

Casi llegando a nuestro destino nos encontramos con una piragua que subía cargada hasta los topes, pararon en el Corozal, aunque su destino estaba aun a unas cuatro horas rio arriba.

El Corozal, para la próxima ocasión. Como he dicho, yo andaba embelesado, con la naturaleza, aunque según me dijeron luego, la zona esta muy deforestada por la explotación maderera y los campos de cultivo. La selva queda muy lejos, espero en la próxima ocasión tener la oportunidad de llegar a ella.